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¿Magia, religión o creencias urbanas?

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Escrito por Nogoya 451º Lunes, 28 de Diciembre de 2009 00:00

     

Hasta hace poco, cuando una joven no conseguía novio a fuerza de corazón le pedía a San Antonio que le mande uno. Era un acto de devoción popular que tenía mucho de interesado porque a cambio de lo que se esperaba se prometía algo al santo. Pero si el novio no llegaba, la chica, enojada, ponía la imagen cabeza abajo, como “castigo” por la sordera de Antonio.  

 

Se ha dicho que la actitud pasiva,  el ruego, la devoción, la espera confiada en una fuerza superior, es religión;  y la actitud activa, voluntaria, es magia.  Religión es el pedido reverente; magia es dar vuelta la imagen. En el primer caso se espera confiadamente un resultado, en el otro se actúa para conseguirlo.

Esta distinción se funda en hechos reales, pero no acierta totalmente a definir la magia ni la religión, que son muy distintas tanto por fines  como por origen y concepción.

En realidad, la distinción no va más allá de los aspectos psicológicos del devoto o del presunto mago. Por una parte, constata la condición refractaria de la fe a la razón, y por otra concluye en las tantas veces señaladas inconveniencias del “pensamiento mágico”, considerado prelógico, infantil o patológico.

No hay religión fuera del mundo siríaco y sus tributarios históricos. Religiones son las surgidas de ese tronco: el judaísmo, el cristianismo y el Islam. Todas  tienen doctrina, ritos y moral, tres elementos indispensables para definir la religión. La actual expansión de la civilización occidental ha llevado la variante cristiana a todo el mundo, pero el origen es siríaco.

No se puede considerar religiones al taoísmo, el confucianismo, el budismo ni  el hinduismo a pesar de que pueda parecer extraño, porque falta en ellas el elemento moral. En el cristianismo, al contrario, la evolución  ha sido mutilando la doctrina al punto de que en el protestantismo, por ejemplo, la moral ocupa casi todo el lugar y la religión tiende a confundirse con un “humanismo”  barnizado.

Aquellas doctrinas orientales son ante todo de conocimiento y se fundan en principios universales. El budismo fue considerado por los primeros orientalistas una “religión sin dioses” sin reparar en la obvia contradicción, porque la comparación con las religiones de occidente era muy difícil y desorientaba a los estudiosos, pero se quería mantener a toda costa la palabra “religión”.

La magia, por su parte, es ante todo una técnica que no considera ningún ser superior ni ninguna naturaleza diferente de la experimentable, al mismo modo que la ciencia contemporánea. Como la ciencia, es totalmente “inmanente” a diferencia de las religiones, que son transcendentes.

Al hablar de magia hay que considerar las referencias eruditas a “creencias populares”,  dioses y demonios, astros, ritos, fórmulas y conjuros como un decorado o como la reunión heteróclita de elementos de diversos origen que se han ido “pegando” a lo largo del tiempo y que  tienden a ocultar una práctica que no tiene aprobación social; al contrario: genera temor, porque por “mago” se entiende al mago negro, al brujo, al hechicero.

La  imagen más frecuente de esta magia “simpática” son las muñecas perforadas o clavadas del vudú. Como es frecuente, estos temores esconden el deseo secreto de hacer nosotros lo que tememos nos hagan a nosotros.

Pero, ¿en qué se apoya la magia? Al menos en un aspecto actual de ella que se debe tener en cuenta entiende que así como un hombre al morir deja un cadáver que se descompone y puede ya sea contaminar o fertilizar la tierra, también deja “residuos psíquicos”, tan reales como el cadáver, aunque mucho más difíciles de experimentar.

En el Oriente se llama “residuos errantes” a esos restos psíquicos, y  la palabra “óbito” que alude a los muertos, deriva de un término hebreo que significa “soplo de las osamentas”.


Para la magia estos residuos no son espíritus  sino restos de la actividad mental en descomposición de la misma manera que el cadáver, que como éste no desaparecen inmediatamente después de la muerte, pero constituyen  fuerzas degradadas sin dueño, que pueden ser usadas por el mago. De todos modos el mago no es un improvisado ni mucho menos un ignorante, debe ante todo ser capaz de manejar las influencias que pretende usar sin ser perturbado por ellas.

Otro aspecto es la perduración de tales restos o influencias  mucho tiempo, adheridos de alguna manera, aunque por su condición estén fuera del espacio, a ciertos lugares especiales que se han convertido con los siglos en “centros de culto”.


En una perspectiva más amplia, René Guénon considera a la magia como una de las “ciencias tradicionales”, de la que lo que subsiste serían fragmentos desvalorizados e inferiores, “supersticiones” en sentido etimológico.

Al refutar algunas consideraciones algo erráticas de Henri Bergson sobre el tema, Guénon afirma que la magia “no tiene nada que ver con la religión”, y que no dio origen a la ciencia –como afirmaba Bergson- porque era una de ellas. Como ciencia tradicional, la magia debió estar unida a principios universales y no ser una mera técnica recomendada solo por la eficacia, como pensaba el sociólogo Arnold Hauser.

La magia, notó Hauser, es la técnica más antigua conocida. Aparece en las pinturas rupestres en que los animales pintados de mano maestra, del artista, están atravesados por flechas toscas, dibujadas seguramente por el mago. La considera equivalente a nuestra actitud de colocar una trampa para cazar animales dañinos. Y estima que si no hubiera sido eficaz, no se hubiera mantenido durante milenios, hasta ahora.

En el  mismo sentido, Guénon reprocha a Bergon haber dicho aludiendo a tiempos pasados conjeturales: “si la inteligencia primitiva había comenzado aquí por concebir algunos principios, muy pronto se plegó a la experiencia, que le demostró la falsedad de los mismos”.

Guénon contesta: “¿cómo puede creer a los hombres tan necios como para haber repetido indefinidamente, incluso sin “principios” operaciones (mágicas) que nunca habrían triunfado y que diría (Bergon) si por el contrario encontrara que la experiencia demuestra la falsedad de sus propias aserciones”?

Es decir, tanto para Hauser como para Guénon, la magia es “eficaz”   y por eso perdura, y para el segundo nombrado no era meramente “experimental” o “empírica” sino que dependía de principios hoy completamente ignorados.

De allí que no sean del todo pertinentes las referencias habituales al “pensamiento mágico” como algo inferior, salvo por su objeto; porque se basan en el prejuicio de que en la cúspide está el pensamiento lógico científico moderno, que en realidad es muy limitado e incapaz de superar barreras autoimpuestas bastante estrechas aunque ampliamente aceptadas.

Es notable que al menos en el mundo académico, ya que no en el popular, se entienda que la magia es cosa de un pasado primitivo, crédulo y bárbaro, relegada al pueblo inculto y propia para ser estudiada junto con el folclore. El mismo Guénon hace notar que a pesar de esta creencia, muy infundada, la magia ha encontrado su camino. No ya la ciencia antigua sino los vestigios modernos se han hecho reconocer como “metapsíquica” o “parapsicología” en las universidades, donde los investigadores quedan expuestos sin conocimiento ni defensas a un peligro que no sospechan.

Si el mago maneja fuerzas “reales” lo hace al mismo título que el científico con las suyas sin que sea necesaria ninguna mentalidad especial, aunque la sanción social de uno y otro sea muy diferente.

Hay que observar que así como el científico es capaz de dirigir las fuerzas de la naturaleza en cierta dirección, a condición de conocerlas y prever sus efectos, el mago pretende hacer lo mismo con fuerzas de otra índole pero tan “naturales” como las del científico.

En esta perspectiva la chica que rogaba a San Antonio y ponía la imagen cabeza abajo cuando no conseguía lo que quería no era tan religiosa ni tan maga. La religiosidad auténtica no consiste en un intercambio ni la magia opera sin conocimiento preciso de las fuerzas naturales a que hemos aludido.


Comentarios
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iSABEL MARKER  - NO CONFUNDAN A LOS CRISTIANOS   |2009-12-29 08:43:47
He visto con preoucapación que ultiamente no son pocas las imágenes a las que
se les solicita diferentes auxilios. Si estás mal de la garganta "pedile a
San Blas", si estás en aprietos "pedile a San Expedito", y así la
lista sería interminable.

Mi pregunta quizá un poco ingenua a todos los
hermanos cristianos es ¿Y como, no que era la Santísima trinidad el centro de
nuestra fe? Me preocupa la inacción de los sacerdotes de Nogoyá para
intervenir ante tanta proliferación de santos milagrosos. ¿No es acaso que
solo "interseden" ante Dios? Dislcúlpenme, pero al paso que vamos nos
estamos conviertiendo en una religión politeista, que nada tiene que envidiarle
a otras religiones. Para el pueblo La madre maravillas y Jesús están en un
mismo plano. ¿Cómo puede ser esto? Es una total aberración, y lo que más me
duele es que los sacerdotes avalan con su divulgación de los santos una
religiosidad popular cada vez más alejada del evangelio.
Los católicos nos
jactamos de ser la Iglesia que inició en la tierra Jesucristo, y criticamos a
otras iglesias hermanas porque no le rezan a san expedito o a santa Teresita.
Pero teniendo rigurosidad teológica ¿Quienes estamos más alejados del
evangelio? Pensemos, y con esto termino, que el primer mandamiento es bastante
claro, pero en la práctica la religiosidad dista mucho del "No tendrás
otros dioses".
Pongamos las cosas en su lugar: Dios Padre, dios hijo y
Espíritu Santo son y deberán ser quienes guíen nuestra vida religiosa. Lo
demás son seres humanos ejemplares.
marcela  - el cristianismo   |2010-05-22 11:56:52
En los tiempos que corren no se necesita ser más riguroso, porque nada prueba
ser efectivo. CRISTO es nuestro maestro, así como hubo otros. Pero no se puede
más ser estricto, porque en el seno de la severidad anida la corrupción, ya se
demostró. Yo lo he visto con católicos y adventistas, los que moran entre
uds., lo siento.
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