El gaucho Froilan y los ovnis
Hay personajes injustamente olvidados en la his-toria local. Uno de ellos es Juan Sebastián Pagano, paranaense fallecido cinco años atrás, Licenciado en Ciencias de la Educaciòn, escritor y periodista. A nivel local, supo pertenecer a medios de comu-nicaciòn locales, aunque ha sido muy conocido y respetado por investigadores de lo paranormal en todo el país por sus aportes literarios en revistas especializadas. Pero además Sebastián era un eru-dito, pasionado de toda forma de expresión cultu-ral, y la literatura gauchesca no le fue ajena, lo-grando una extraña simbiosis entre ella y lo para-norml. Eso se ve reflejado, por ejemplol, en las desventuras del “Gaucho Froilán”, donde emu-lando al ya clásico “Martín Fierro”, obra cumbre de la literatura histórica argentina, esfuerzo litera-rio que curiosamente y con excepción –para los entendidos– del “Santos Vega” no fue continuado en tiempos posteriores por escritor argentino al-guno.
Hace años, Sebastián se embarcó en estu-diar las costumbres, el lenguaje y los modismos de los hombres de las pampas para acometer la ci-clópea tarea de escribir cerca de... 1700 estrofas de versos ceñidos a la más ortodoxa lingüística cam-pestre (prosa de seis versos). Uno de esos pasajes –pues al gaucho Froilán le pasa de todo, desde en-tuertos políticos hasta encuentros con OVNIs y fantasmas– es el que presentamos aquí.
Algún lec-tor opinará que nada aporta documentalmente a nuestros temas. Es cierto. Pero para quienes go-zamos de la lectura (y espero que seamos unos cuantos) es toda una perlita. Opinen ustedes.
La luz mala
(Fragmento de la epopeya gauchesca “El gaucho Froilán”) por Sebastián Pagano
Brava la vida, paisano,
Y siempre me tocó atuar;
En tuito tiempo y lugar
Por situaciones y cosas,
Materias bastante jugosas
Y nunca me supe achicar.
Lo que aura le viá contar
No é cosa e tuito los días:
Jué de noche y ¡mama mía!
Que nunca la podré olvidar;
La Luna golvió a bajar
Con música ‘e sinfonía.
De chico me habían contao
‘e cosa ‘e no creer,
como la de aparecer
luces raras en el campo,
y por eso de tanto en tanto,
la gente golvía a temer.
Usté aura podrá pensar
Qu’era cuento pa gurises,
Pero a vece uno maldice
Por resistirse a creer;
De ái que suele suceder
Lo qu’el cura no bendice.
La cosa má o meno ansí
Como yo se la viá contar:
De noche solía estar
Mirando pa las estreyas,
Y en eso una noche beya
El cuero me dio por rajar.
Pero, endurecido ‘el susto
Vi bajar una lú del cielo;
No era ningún ave en vuelo
Ni nada que se parezca;
Como fuego que la yesca
Suele quemar en el suelo.
Tirao atrá un espartiyo
Oservé lo que pasaba:
Pa mí qu’era la lú mala
Que tanto hablaba la gente,
Y yo por imprudente
No sabía qué m’esperaba.
La lú cayó en el suelo
Y tuito estaba brillante;
Nada hay má galopiante
Que un susto en medio ‘el campo,
Pero mi julepe era tanto
Que decidí quedarme campante.
Algo daba güelta y güelta
Adentro ‘e la lú muy grande,
Y yo le aseguro compadre
Que la cosa no terminó ahí,
Porque de repente sentí
Un ruido juerte al instante.
Entonces, agarresé,
Aparecieron dos cosos;
Tenían el traje briyoso
Y ojos color colorao;
Yo estaba má julepiao
Que matungo dentro ‘un poso.
Las figuras se movían
‘e un lao para el otro,
y yo me creía un loco
viendo cosa tan notable,
y nunca he sido culpable
si Mandinga se mueve un poco.
Viendo que pa’cá se arrimaban,
Yo mi facón manotié,
Aunque nunca esperé
Ganarla al diablo peliando,
Pero el criollo, de cuando en cuando
Por coraje debe vencer.
Y cuando ya creía lidiar
Con Mandinga y sus diablitos,
Un rayo en el cielo infinito
Briyó y m’encandiló;
Mi vista ansí se nubló
Mientras oía un cantito.
Y eso jué tuito, paisano;
Cuando otra vé pude ver,
El cielo era un vergel
Tachonao tuito d’estreyas;
La pampa estaba muy beya,
Y la lú no se golvió a ver.
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