Tabossi y nuestra distopía
La información paso casi desapercibida en los medios provinciales: “Desde el Ministerio de Planificación Federal, Inversión Pública y Servicios del gobierno nacional, se comunicó al presidente municipal de Tabossi, Néstor Landra, la disponibilidad de dinero proveniente del Fondo Federal Solidario, para la adquisición y puesta en funcionamiento de un sistema de vigilancia por circuito cerrado para la localidad.
Landra expresó “que esto es un hecho inédito en el país, y nos permitirá a nosotros y todos los municipios argentinos, acceder y poder destinar fondos de este sistema en beneficio de un mayor control y organización vial en las ciudades”.
Tabossi cuenta con 120 manzanas, a las que se destinarán unas 20 cámaras de seguridad que permitan controlar el ingreso y egreso de personas a la Comuna; como así también el movimiento de vehículos municipales, vendedores ambulantes y otros tipos de controles. En una primera etapa se adquirirían seis cámaras, por un monto aproximado de 100 mil pesos, para control de los accesos a la ciudad; para con el paso de los años ir agregando y completando el sistema de vigilancia sobre el total del amanzanamiento, señala un artículo publicado por Paralelo 32.
El Jefe comunal expresó que “creemos que estas cámaras son elementos que ayudan a la policía, y que en un futuro muy próximo los gobiernos tendrán que adquirirlas, porque estas cámaras Domo, que giran 360º, evitan la presencia de cuatro policías que estén parados en ese lugar, ahorro de móviles, de combustible y personas. Además, alerta a los delincuentes a no dirigirse hacia ese lugar.” (Fuente: DIARIO UNO)
Me surgieron varias incógnitas e inquietudes al leer esta breve reseña que nos dice mucho de quienes y como somos; como pensamos y somos pensados: ¿Qué lleva a una localidad entrerriana de 1200 habitantes (1500 contando la población rural) a quemar 100 mil pesos, que deberían ser destinados a salud o educación, en un sistema de cámaras de seguridad? Claro, porque el Fondo Federal Solidario, que surge de las retenciones a las exportaciones, condicionaba su gasto a salud, educación e infraestructura vial. Ahora, gracias a las gestiones de las autoridades de Tabossi, ya no.
Consultando a la comisaria de la “Capital provincial del camionero”, nos enteramos de que allí los delitos son casi inexistentes y que no se han incrementado ni un ápice en los últimos tiempos. En otras averiguaciones, también supimos, que esta iniciativa cuenta con el consenso general de los Tobossinos.
Si el término “utopía” hace referencia a un lugar ficticio en el que la sociedad se desarrolla según un ideal de perfección, la “distopía” es una utopía negativa o perversa: en ella el mundo imaginado adquiere tintes apocalípticos. El 8 de junio de 1949 se publicó una de las novelas fundamentales de la ciencia ficción del siglo XX: “Mil novecientos ochenta y cuatro”, de George Orwell. Junto a “Un mundo feliz” de Aldous Huxley y “Fahrenheit 451” de Ray Bradbury, la novela de Orwell encarna la distopía de principios del siglo XX.
La acción de “1984” transcurre en una Inglaterra futura. El Partido Único ejerce el poder a través de cuatro ministerios de claras funciones: el Ministerio del Amor (encargado del castigo y la tortura), el Ministerio de la Paz (en búsqueda de la guerra permanente), el Ministerio de la Abundancia (que maneja la economía para que la población subsista con lo mínimo) y el Ministerio de la Verdad (donde se destruye y manipula la documentación histórica). En este último organismo trabaja el protagonista de la novela, Winston Smith. Los ideales del Partido están encarnados en el Gran Hermano: omnipresente, omnipotente y omnisciente, un dios futurista que controla el pensamiento y la acción. La sociedad por entero y sus valores quedan subyugados a la voluntad de un ente superior que anula la individualidad. Para ello, las herramientas empleadas son el lavado de cerebro, la supresión del libre pensamiento, la educación totalitaria, el lenguaje, etc., es decir, los instrumentos propios de cualquier totalitarismo.
El propio Orwell declaraba, refiriéndose a su obra: “Yo no creo que el género de sociedad que describo vaya a suceder forzosamente, pero lo que sí creo (si se tiene en cuenta que el libro es una sátira) es que puede ocurrir algo parecido.” El autor no tenía en cuenta, por aquel tiempo en el que Hitler y Stalin catalizaban el sumun del totalitarismo tanto de derecha como de izquierda, es que más de sesenta años después asistiríamos a una nueva forma de degeneración en el ejercicio del poder: El totalitarismo del capitalismo salvaje o neoliberalismo globalizado. Hoy en día los gobiernos ejercen una mínima parte del poder. El poder real esta en manos de gente que nadie vota. Si algo ha demostrado la última crisis financiera mundial es que las grandes corporaciones están más allá de todo y de todos, y que los gobiernos solo pueden aspirar a ser sus perros guardianes a cambio de un sabroso hueso.
Lo que ocurres con la hermana localidad de Tabossi es solo una pequeña muestra de que este nuevo totalitarismo, mediante su propaganda mediática, nos crea el miedo a la inseguridad para que seamos nosotros los que le pidamos a este nuevo Gran Hermano que nos controle. Al decir del lingüista Noam Chomsky: El método “problema-reacción-solución”. Uno de los mandamientos principales de este dogma dice que hay que sacralizar la propiedad privada, ya que para ser hay que tener, y es ahí donde los que ingenuamente nos consideramos “gente decente” pedimos control y represión para el que se cayó del sistema, convencidos de que a nosotros nunca nos tocarán.
¿Usted sacrificaría el dinero que destina a la salud y educación de sus hijos para ponerle alarma a su auto?
¿Qué debemos hacer: Agrandar las cárceles o invertir en educación y salud, entre otras cosas, para disminuir la población carcelaria?
¿Debemos seguir sosteniendo un sistema donde pocos tienen mucho y muchos no tienen nada o construir otro de inclusión, donde todos tengan las mismas oportunidades?
La palabra que alarma es “distopía”, y todo parece indicar que, de no mediar un giro de timón, la proa del barco mundial apunta directamente a ella.
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