El Eco mediático (Parte II)
Lo que sucede en nuestro país con los grandes medios de comunicación no es exclusividad de nuestro territorio. Los medios han logrado, desde su perspectiva empresarial de la comunicación, tener una visión internacionalista o, para usar una palabra más de moda, “globalizada” de la situación socio-política del mundo y capitalizarla a su favor.
No es casual que, por dar solo un ejemplo, veamos como el multimedio de Daniel Hadad (C5N, Canal 9, Radio 10, Infobae, entre otros) todos los días se ocupe de informarnos de las supuestas tropelías de Hugo Chávez y su “régimen” bolivariano, repitiendo “solidariamente” la data del opositor y golpista Globovisón (Casualmente, el 11 de abril, se cumplió un nuevo aniversario de la masacre de “Puente LLaguno”, de la cual se ha informado poco y nada en estos años).
Ellos, Hadad y compañía, no desconocen el papel de férrea oposición que ejerce ese gigante venezolano de la información, entre otros; pero tienen muy presente que el modo de conducir los destinos de su país, por parte del caudillo caribeño, no favorece los negocios espectaculares de la grandes empresas multinacionales.
Además se abandona todo posible principio de objetividad desde el comienzo llamando malintencionadamente “régimen” a un gobierno que, guste o no, ha ganado democráticamente todas y cada una de las elecciones, en gran medida, gracias al apoyo mayoritario de los sectores mas humildes.
Los dueños de estos grandes medios se reúnen cada tanto bajo la pretenciosa denominación de Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) y, cuando surgen alguna amenaza a su negocio, se abroquelan al grito de: ¡Peligra la libertad de prensa! Ya lo había advertido el recordado y temperamental dirigente victoriense del radicalismo, Cesar Jaroslavsky en la década del 80, tras un altercado del alfonsinismo con Clarín: “Clarín te ataca como un partido político y se defiende con la libertad de prensa”.
“No hace mucho tiempo para adueñarse del poder político de un país era suficiente con controlar el ejercito y la policía… Hoy, un país pertenece a quien controla los medios de comunicación”. Esto nos dice Umberto Eco en otro interesante libro de su autoría: “La estrategia de la ilusión” del año 1986 que recopila ensayos y artículos periodísticos de su autoría. Pero no se agota solo en eso. En este artículo que citamos, del año 67, sigue diciendo:
“No estoy diciendo nada nuevo: no solo los estudiosos de la comunicación, sino también el gran público, advierten ahora que estamos viviendo en la era de la comunicación. Como ha sugerido el profesos (Herbert Marshall) McLuhan, la información ha dejado de ser un instrumento para producir bienes económicos, para convertirse en el principal de los bienes. La comunicación se ha trasformado en industria pesada. Cuando el poder económico pasa de quienes poseen los medios de producción a quienes tienen los medios de información, que pueden determinar los medios de producción, hasta el problema de alienación cambia de significado…”
¡Muy interesante! ¿No? Siguiendo esta inquietante línea de razonamiento del prestigioso semiótico italiano, podríamos deducir que, desde una perspectiva popular y progresista, lo deseable sería que los medios de comunicación estuvieran en manos de la comunidad. Por supuesto que esto no pasa, salvo por acepciones contadas con los dedos de una mano, ni con los medios de comunicación, ni con los de producción. Después de 26 años de vida democrática ininterrumpida deberíamos dar por sentado que el poder político es solo una pequeña porción del verdadero poder. Los poderosos en serio son los dueños de los medios de producción o grandes corporaciones capitalistas.
Y en este capitalismo que ha permitido la concentración en muy pocas manos, no es de extrañar que esos pocos que nadie vota, condicionen al poder político y dirijan los destinos de los países. De hecho, algunas empresas multinacionales manejan presupuestos mayores al producto bruto interno de algunos Estados. Hoy vemos, de forma grosera, como los grandes medios imponen la agenda y una porción mayoritaria de nuestra dirigencia política va detrás, cuando debería ser exactamente al revés: los representantes del pueblo definiendo la agenda y los medios siguiendo el curso de los hechos, informando lo que ocurre. Una de las pocas fórmulas para saltar este “cerco” e imponer la voluntad popular por encima de los intereses corporativos de los grandes grupos económico es la concientización ciudadana de saber que no basta con votar cada tanto y sentarnos a despotricar sobre la ineptitud de nuestros representantes; sino que debemos involucrarnos, de la manera que nos sea posible, en los procesos de cambio que creamos más conveniente para todos. Como dijimos: pasar de una democracia representativa a una participativa.
Pero volviendo al ensañamiento de los gigantes pulpos de la información con el legítimo presidente de la hermana Republica Bolivariana de Venezuela, y sin ánimo de negar los defectos y dificultades del aquel gobierno y su peculiar líder, se debería reconocer que, con la oposición de casi todos los grandes medios, EEUU y la derecha nacional e internacional que propagandizan, boicotean y presionan para desplazar a Hugo Chávez del poder, no han podido mellar, hasta ahora, en el apoyo del grueso de los sectores medios y bajos de la sociedad que lo mantienen en su puesto.
Otro tanto podríamos decir del presidente boliviano Evo Morales o el ecuatoriano Rafael Correa, solo por mencionar ejemplos de países donde se está intentando llevar a delante proyectos que colisionan con los intereses, por distintas razones, de las corporaciones capitalistas y a favor de gran parte de la población históricamente postergada. Definidos despectivamente como “populistas” por los intelectuales de la derecha conservadora, como si el “populismo” tuviera mas que ver con la demagogia que, como realmente lo es, con impulsar políticas populares o para el pueblo.
En estos días, el primer mandatario venezolano ha sido escrachado y criticado en las corporaciones de la comunicación internacional por estar formando una “guerrilla mediática” o “comunicacional”. Umberto Eco, en aquel interesante artículo que tituló: “Para un guerrilla semiológica”, que estamos citando textualmente y que escribió cuando el presidente bolivariano contaba con solo 13 años de edad, nos decía:
“Por esta razón, habrá que aplicar en el futuro a la estrategia una solución de guerrilla. Es preciso ocupar, en cualquier lugar del mundo, la primera silla ante cada aparato de televisión (y, naturalmente, la silla del líder de grupo ante cada pantalla cinematográfica, cada transistor, cada página de periódico).
Si se prefiere una formulación menos paradójica, diré: La batalla por la supervivencia del hombre como ser responsable en la Era de las Comunicaciones no se gana en el lugar de donde parte la comunicación sino en el lugar a donde llega. Si he hablado de guerrilla es porque nos espera un destino paradójico y difícil, a nosotros, estudiosos y técnicos de la comunicación: precisamente en el momento en que los sistemas de la comunicación prevén una sola fuente industrializada y un solo mensaje, que llegaría a una audiencia dispersa por todo el mundo, nosotros deberemos ser capaces de imaginar unos sistemas de comunicación complementarios que nos permitan llegar a cada grupo humano en particular, a cada miembro en particular, da la audiencia universal, para discutir el mensaje en su punto de llegada, a la luz de los códigos de llagada, confrontándolos con los códigos de salida…”
¿Para la gran industria informativa será la “chavización” de Umberto Eco, o la semiología bolivariana?
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