Manifiesto Cívico por el Bicentenario
Si bien “El Punch” fue pensada como una columna de opinión sobre cultura, la idea del manifiesto surge de algunas incertidumbres e inquietudes de ciudadano común promovidas por el bicentenario, basadas en la necesidad de pensar a largo plazo respecto a como, o a través de que o de quien pueden ser encausadas nuestra aspiraciones populares de tener una sociedad mas participativa de su cultura, y de sus instituciones.
¿Podemos esperar de las dirigencias políticas la intención de actuar en sus gestiones de gobierno, con el suficiente altruismo para poder pensar que somos capaces de producir ofertas culturales con identidad y verdaderamente atrayentes?
¿Tendremos la oportunidad alguna vez, de lograr asociatividades exitosas que generen beneficios sociales concretos?
¿Se verán colmadas nuestras expectativas viendo instituciones sostenidas en el tiempo en forma permanente?
Talvez estas cuestiones se debaten parlamentariamente en niveles a los cuales la mayoría no tenemos acceso. Es por esto precisamente que se nos ocurre pensar que quizás tengamos el derecho de aspirar a formularnos categorías de pensamientos que nos identifiquen de acuerdo a nuestras necesidades, a nuestros deseos.
Y para ayudarnos un poco a dilucidar y tratar de responder a esta especie de clamor, que pretende tener un tinte parecido al de aquellos hombres y mujeres de 1810, convocamos la opinión de una persona destacada de nuestra comunidad, cuya línea de pensamiento es insoslayable en temas de esta naturaleza. Esto nos decía la profesora Silvina Cepeda al respecto:
Se me ha solicitado, cuestión que agradezco, tratar de arrimar un perfil socio-cultural de mi pueblo agregando una proyección de futuro y la verdad, no es una tarea fácil.
Intentaré retomar un concepto básico: no existe pueblo sin cultura, cada pueblo tiene un modo de ser y de expresarse, aún en sus silencios.
Lo cultural tiene una conformación histórica en contextos determinados. A veces los docentes intentamos la transmisión de la cultura, pero generalmente priman los contextos de mayor continuidad (familia o grupo de pares y medios de comunicación mayormente)
Para ser científicamente seria debería encarar una investigación, pero esgrimiré algunas hipótesis a título personal, subjetivo y en aras de suscitar debates y respuestas alternativas a mi pensamiento, con la sola legitimidad de ser una habitante más de este nuestro maravilloso pueblo:
- Creo que oscilamos entre un querer ser ideal y un ser real: lo veo en las manifestaciones externas referidas a valores de diálogo, tolerancia, respeto, confraternidad que sin embargo, a veces , se transforman en intolerancia por el que piensa diferente o comentarios de envidia por lo que no se tiene y el otro sí.
- Nos alegramos de ser solidarios pero a veces solo damos objetos o cosas que nos sobran y no tiempo u oídos para el que lo necesita por su soledad.
- Buscamos en cosas externas (auto, casa, ropa) pertenecer, ser vistos por los otros, sin darnos cuenta que esa visibilidad será transitoria: hasta que aparezca otro auto, otra ropa, etc.
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- Anhelamos un destino de grandeza y nos “deprime” no poder conseguirlo.
- Queremos que nuestros jóvenes sean diferentes, pero le damos pocas oportunidades de escucharlos o de que ejerciten la diferencia
La enumeración podríamos continuarla, pero si expresé las sombras quiero expresar las luces de:
- Las mujeres y hombres de esta ciudad que diariamente se hacen cargo de las dificultades económicas y sociales para salir adelante.
- De la tercera edad que se resiste a entregarse a los asilos y celebran esa etapa de sus vidas
- De los jóvenes que escuchan en silencio las contradicciones de los adultos y sufren en carne propia una discriminación derivada del “poder de compra”
- De los niños, que aún con abusos terribles, intentan concentrarse a estudiar.
- De los maestros que viendo lo difícil de su tarea, continúan dando lo mejor de sí para transmitir valores que le sirvan para la vida, igual que enfermeros, policías, trabajadores, todo aquél que ejerce una responsabilidad honestamente, que a veces sintiéndose “Tontos” por no aceptar prebendas siguen siendo íntegros en su tarea.
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- Y muy especialmente de los artistas y de los trabajadores de la cultura en todas las manifestaciones que. modestamente creo, nos salvan de la anomia y la anemia que en otras áreas tenemos.
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Con este excelente material podemos proponer alternativas nuevas para la promoción de la cultura que queremos: sin abandonar lo que se viene haciendo, incorporar espacios de encuentro entre distintos protagonistas; estimular la incorporación de lenguajes de imágenes en la promoción cultural y sobretodo otorgarle voz y decisión a los jóvenes que entre 20 y 30 años (por referenciar de algún modo)que ya están o vienen regresando a la ciudad y tienen cosas por decir (Hogar 5•, Grupo Comenzar, Inst.Lebenhson, Jóvenes emprendedores, etc) y muchas más ideas y proyectos que tenemos que escuchar y apoyar.
Silvina Cepeda
Nogoyá, 8 de mayo de 201
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