¿Semana de mayo?
Recuerdo cuando era chico, allá por mediados del siglo pasado, que la semana de Mayo era muy esperada desde su víspera. Implicaba, en aquellos años, grandes festejos, carreras de sortijas, cuadreras. Para los más chicos, carreras de embolsados, de bicicletas, de “tres pies” piñata, etc.
Comenzaba el día once de mayo, “Día del himno Nacional Argentino”. En la escuela, nos enseñaban la historia de los acontecimientos de 1810, y debíamos rendir prueba de haberlo aprendido. Se usaba escarapela, no por obligación, sino porque teníamos una empatía con la gesta de Mayo y nos identificábamos con aquella. En los festejos culminantes, el veinticinco, participaba toda la comunidad, la familia acompañándonos a la escuela, los desfiles, en el orden nacional efectivos militares con gallardía y marcando el paso al unísono, en el barrio, con las fuerzas vivas. Esto ocurría en todo el país, con verdadero sentimiento nacional, manteniendo las culturas regionales y sus identidades.
Hoy todo parece lejano, como un sueño de que alguna vez ocurrió pero ya pasó ¿o tal vez me parece – como dijo Manrique – que cualquiera tiempo pasado fue mejor?
Esta semana de Mayo que acaba de concluir, a 200 años de su gesta, pasó ante una apatía generalizada. Los actos fueron casi desapercibidos para la mayoría de la población. Estaban las autoridades obligatoriamente, y algunos que otros presentes.
¿Es tan grande la pérdida de identidad? ¿de nacionalidad? ¿somos sólo argentinos cuando se obtiene un triunfo deportivo?. Sin querer, así como al pasar le pregunte a algunos chicos de entre 12 y 16 años si sabían lo que había ocurrido en Mayo de 1810 y la respuesta no me sorprendió. La gran mayoría no lo sabía explicar, otros tenían una somera idea, y unos pocos (muy pocos) definieron los acontecimientos con muestras de saber y haber estudiado la historia.
Creo que debemos rescatar la historia de aquellos prohombres, y fundamentalmente no olvidarla. “Los pueblos que no tienen memoria, están condenados a repetir su historia”. Esto debe comenzar desde la escuela, con el apoyo de la familia, así comenzaremos a reconstruir nuestro presente con proyección de futuro, y darle a nuestros nietos una verdadera identidad argentina.
por José Vernazza
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